Cuando las conocí, hace dos semanas, se llamaban Negrita y Pequeñaja..... Mucho no se habían esforzado en buscarles nombre.....
Corrían sueltas al lado de su dueño por una zona llena de coches. Alegres, saltarinas, un poco escandalosas, se las veía felices de que les prestasen un poco de atención. Y no me miraron muy bien cuando interrumpí su paseo para hacerles fotos.
Supe de ellas que son hermanas. Que tienen unos 6 años. Que son muy caseras. Que solo salian a la calle (solas, por cierto) para hacer sus necesidades... y volvían rapidamente al piso. Que no están acostumbradas a otros animales, ni a otras personas, solo a su familia. Que no tenian microchip ( ¿ qué es eso?), ni vacunas ( ¿ para qué? ). Que siempre habían comido "lo que comen los perros" : sobras y huesos. Y que muy pronto iban a ser abandonadas. No cabía esperar que se tomasen mucho interés por su futuro.
Pero ellas no lo sabían aún. Seguro que si alguien se lo hubiera dicho hubieran pensado "bah, tonterias", mientras seguian a su dueño camino de casa, trotando alegremente.
El domingo, prontito, recogí a las dos hermanitas. Lloraban intentando salir por el cristal trasero del coche para volver a su casa, con su familia. Su dueño ni siquiera se volvió para mirarlas mientras nos ibamos.
Y estas son las fotos de apenas 3 horas después, en camino hacía su casa de acogida.
Negrita y Pequeñaja han perdido todo lo que tenian: su casa, su calle, su familia.... su ciudad, hasta su comida va a cambiar. Se han quedado sin referencias.... solo se tienen la una a la otra. Y el cariño de una casa de acogida que, por un tiempo, les dará cobijo a las dos juntitas.
Y tienen que volver a empezar. Con nuevos nombres: CANELA y VAINILLA, puestos con todo el cariño, y el deseo de que su vida sea muy, muy dulce a partir de ahora. Se lo merecen.